martes, 25 de octubre de 2011

EL GRAN RETO

EL GRAN RETO

El liderazgo es como la belleza: difícil de definir pero fácil de apreciar”. Es fácil identificar cuando una empresa está bien dirigida, pues a través de sus resultados y de la actitud de su gente podemos apreciar la calidad de quien la dirige. Para lograr integrar un buen estilo de liderazgo es necesario primero señalar que la autoexpresión libre y total es la esencia misma del líder, partiendo del principio que dice: “El líder es apenas la mitad de sí mismo; la otra mitad es su expresión”.

Así, sabe lo que quiere y por qué lo quiere, y sabe comunicarlo a otros con el fin de lograr su cooperación y apoyo; además, sabe cómo lograr sus objetivos. Su secreto consiste en comprender, en aprender de la vida y de su propia experiencia.

Para poder convertirse en un líder, hay que pasar por un proceso muy similar al de convertirse en un ser humano bien integrado: su carrera profesional es su propia vida. El líder de Excelencia, a diferencia de otro tipo de líderes y de seres ordinarios y mediocres, es una persona que ha aprovechado mejor cada una de sus experiencias y se encuentra convencido de que el líder se hace por sí mismo más que por medios externos. Encargarse del propio aprendizaje es hacerse uno mismo responsable de su propia vida, lo cual es un requisito indispensable para llegar a ser una persona bien integrada; el ideal o el impedimento están en nosotros mismos.

¿Quién enseña al león o al oso a vivir? Ellos saben por instinto cuánto necesitan para vivir y simplemente lo hacen. Así el líder debe ir aprendiendo a través de su propia experiencia lo que necesita para lograr ser un excelente líder.

Tener talento de líder no nos garantiza que lograremos la Excelencia en este campo, de la misma forma en que un joven que tiene talento musical no tiene la garantía, por ese simple hecho, de que va a lograr la Excelencia. En ambos casos, hay que hacer que ese talento se desarrolle y se consolide a través del esfuerzo, la preparación y la perseverancia; en otras palabras, hay que pagar la colegiatura de la Excelencia, lo que significa que aun cuando todo el mundo tiene capacidad de liderazgo, muy pocos están dispuestos a pagar el costo para lograrlo. Para ellos es necesario aprender y capitalizar experiencias propias y ajenas y también desaprender algunas cosas que uno sabe pero que son erróneas.
Los líderes pueden llevarnos al éxito o al fracaso, a la prosperidad o a la ruina, a las prisiones o a la libertad. La historia de la humanidad es la historia misma de los líderes de todos los tiempos, y los líderes que trascienden positivamente son aquellos que han podido concebir y expresar las metas que elevan a la gente por encima de sus mezquinas preocupaciones.

Claro, los líderes de Excelencia no están exentos de peligros; tal vez los corran con mayor riesgo mientras más valiosos sean sus significados. Por ejemplo: Cristo, Gandhi, Martin Luther King y Abraham Lincoln fueron asesinados casi como testimonio del peligro mortal que significa el habernos revelado que podemos ser más grandes, mejores de lo que somos.

Los líderes de Excelencia son personas que reconocen que el poder radica en los demás, que en sus subordinados está la fuerza para llevar a la empresa al destino que ellos han elegido. El líder es técnicamente capaz; tiene un gran don de gentes que cautiva y entusiasma a sus seguidores; tiene una amplia visión conceptual y carácter muy bien definidos y escucha su voz interior. En síntesis, se expresa por  medio de sus obras, concientiza y reflexiona todo lo que hace aprendiendo de los buenos consejeros, y se entrega apasionadamente a un sueño por lograr.

Así como no se puede jugar futbol sin balón o portero, no podemos funcionar sin líderes y la calidad de nuestra sociedad depende de la calidad de nuestros líderes.

Existen tres razones básicas que justifican la presencia de los líderes en las organizaciones:

1.      Son responsables de la productividad; generan riqueza que les asegura su continuidad y desarrollo.

2.      Representan la guía a seguir, son el prototipo; marcan la conducta y el estilo que todos deben seguir.

3.      Mantienen la integridad corporativa, dan significado al trabajo; llenan un vacío existencial en el campo laboral manteniendo y salvaguardando los objetivos de orden superior y los valores corporativos.

El líder debe poseer una gran visión a largo plazo, visualizando los retos y metas a lograr a corto plazo. Desafortunadamente la mayoría de nuestros empresarios cree que las utilidades financieras son todo, lo único a lograr, y por esta falta de visión han estrangulado su propia organización a mediano plazo.

Finalmente puedo concluir que los líderes de Excelencia renuncian a la idea de ser administradores. Ellos no sólo buscan administrar eficientemente recursos materiales, financieros y humanos, sino que manejan capitales emocionales como son la lealtad, el amor a la camiseta, el optimismo, el compromiso, etcétera, y hacen una clara diferencia entre administrar y dirigir.


EL ADMINISTRADOR        
EL LÍDER

Es conservador
Es una copia
Mantiene lo establecido
Se concentra en sistemas y estructuras
Controla
Tiene visión a corto plazo
Pregunta cómo y cuándo
Su objetivo está en las utilidades
Acepta el status
Es un buen soldado
Hace bien las cosas
Se compromete de acuerdo a sus posibilidades

Es innovador
Es un original
Desarrolla nuevos caminos
Se concentra en las personas
Inspira confianza
Tiene visión a largo plazo
Pregunta qué y por qué
Su visión es conceptual
Desafía lo establecido
Es desobediente de orden superior
Hace lo que debe hacer
Intenta lo imposible
Es soñador
Es equilibrado





martes, 11 de octubre de 2011

NECESITAMOS LIDERES, NO JEFES

La autoridad estará en crisis cuando quien manda se contente con ser un administrador (jefe), sin tomar la decisión de convertirse en líder. Lo que necesita una nación o cualquier grupo, grande o pequeño, es tener al frente no a un oportunista arrogante, sino a un servidor sincero.
¿Qué diferencias existen entre el jefe y el líder?
1.    Para el jefe, la autoridad es un privilegio de mando; para el líder, un privilegio de servicio. El jefe ordena: "Aquí mando yo"; el líder dice: "Aquí sirvo yo"; el jefe empuja al grupo y el líder va al frente, comprometiendo con sus acciones.
2.    El jefe existe por la autoridad; el líder, por la buena voluntad. El jefe cree que es suficiente una investidura de mando conferida desde fuera para conformar a su gusto el pequeño planeta sobre el que impera. El líder no necesita exhibir ante sus súbditos credenciales de legítima autoridad; su empeño generoso, su dinamismo mágico y su actitud de entrega son las mejores cartas con que los seguidores se enteran de que tienen una autoridad que no necesita imponerse por argumentos externos, sino por ejemplos entrañables. La autoridad del jefe impone; la autoridad del líder subyuga y enamora.
3.    El jefe inspira miedo, se le teme, se le da la vuelta; se le sonríe de frente y se le critica de espaldas; tal vez se le odia en secreto. El líder inspira confianza, inyecta entusiasmo, envuelve a los demás en aires de espontánea simpatía, da poder a su gente; cuando él está presente fortalece al grupo. Si temes tu superior, es que tu superior es un jefe; si lo amas, es un líder.
4.    El jefe busca al culpable cuando hay un error. El que la hace, la paga. Sanciona, castiga, reprende, en apariencia pone las cosas en su lugar, cree haber arreglado el mundo con un grito y con una infracción, pero ha cortado la rama torcida. El líder jamás apaga la llama que aún tiembla, jamás corta el tallo que aún verdece; corrige, pero comprende; castiga, pero enseña; sabe esperar. Por eso no busca las fallas por el placer sádico de dejar caer el peso de la autoridad sobre el culpable, sino que arregla las fallas y de paso rehabilita al caído.
5.    El jefe asigna los deberes, ordena a cada súbdito lo que tiene que hacer: "A ti te tocó esta parcela de la izquierda, a ti, ésta de la derecha; ahora a trabajar y cumplir cada cual con lo suyo, mientras contemplo desde mi sillón cómo ustedes se movilizan y... ¡ay del incumplido!" El líder da el ejemplo, trabaja con los demás, y como los demás, es congruente con su pensar, decir y hacer; su deber es el propio de todos, va al frente marcando el paso.
6.    El jefe hace del trabajo una carga; el líder, un privilegio. Los que tienen un líder, pueden cansarse del trabajo, pero jamás se fastidian, porque el magnetismo del líder abre ventanas a los ideales que delatan la alegría de vivir, de trabajar.
7.    El jefe sabe cómo se hacen las cosas; el líder enseña cómo deben hacerse.
8.    Uno se guarda el secreto del éxito; el otro lo enseña, capacita permanentemente para que su gente pueda hacer las cosas con autonomía y eficacia. Uno no se toma la molestia de señalar caminos; el otro vive poniendo flechas indicadoras para lograr el éxito.
9.    El jefe maneja a la gente; el líder la prepara. El jefe masifica a las personas, las convierte en número y en fichas deshumaniza súbdito por súbdito hasta quedarse con un rebaño sin rostro ni iniciativa. El líder conoce a cada uno de sus colaboradores, los trata como personas, no los usa como cosas. Sabe que la comunidad no es una masa amorfa ni una colección de individuos en serie, respeta la personalidad, se apoya en el hombre concreto, lo dinamiza y lo impulsa constantemente.
10. El jefe dice vaya, el líder dice vayamos; líder es aquel que promueve al grupo a través del trabajo en equipo, suscita una adhesión inteligente, reparte responsabilidades, forma a otros líderes,  parte de los hechos y de la vida del grupo para llegar a los principios, consigue un compromiso real de todos los miembros, formula un plan de trabajo con objetivos claros y concretos, motiva permanentemente para que su gente quiera hacer las cosa, supervisa la tarea de todos y difunde siempre una mística, un ideal profundo, una esperanza viva, una alegría contagiosa.
11. El jefe llega a tiempo; el líder llega adelantado. Éste es el santo y seña del verdadero líder: "un pie adelante del grupo, una mirada más allá de los seguidores". El que ve más que los otros es un líder, el que profetiza y vaticina, el que inspira y señala con un brazo en alto, el que no se contenta con lo posible, sin con lo imposible.

12. Hace de la gente ordinaria, gente extraordinaria; la compromete con una misión y la amalgama en la fe de realizar un sueño que le permita la trascendencia y la realización; le da significado a la vida de sus seguidores, un por qué vivir, es un arquitecto humano.